viernes, 21 de agosto de 2020

Clases 13 y 14. Géneros argumentativos

 La semana pasada, en nuestra clase 13 del viernes 14/08, tuvimos una reunión para charlar sobre las diferencias entre el concepto de género discursivo y el de tipo textual, relacionado este último con las secuencias textuales. 

Hoy, en nuestra clase 14, nos detendremos en la caracterización de algunos géneros argumentativos que solemos leer:


Carta de lectores

-El emisor es el individuo lector de una publicación (diario o revista), que escribe en su nombre o en el de la institución a la que representa. La dirige al director del medio (Sr.director:). Va firmada y con aclaración de DNI o mail.

-Se redacta en general en 1° persona, aunque admite la .

-Es de carácter informativo u opinativo (es decir, podríamos encontrar cartas de lectores no argumentativas si su intención fuera solamente informar sobre un tema y no defender una idea u opinión). Cuando es opinativa, también puede plantearse como una respuesta o una réplica a alguna publicación anterior del medio. Del mismo modo, puede dar lugar a respuesta o réplica de quienes la lean.

-Aparece en una sección fija del diario o de la revista. Debe ser breve.

-Generalmente el lector no titula su carta; el título se lo agrega el diario o la revista.


Ejemplo de carta de lectores, publicada en el diario La Nación:

La Nación / Opinión/ Carta de lectores

 28/05/20

La obra de Gauguin

Señor Director:

                      En el artículo "¿Perverso o genio?", del 24 del actual, se cita la pregunta que se hace una cronista de The New York Times : "¿Es tiempo de cancelar a Gauguin?". Esta cancelación se haría en virtud de que Gauguin se casó con dos jóvenes en Tahití. No me consta que las haya destratado. No hay pormenores de esto. Tampoco hay falta de respeto en las maravillosas imágenes femeninas de Gauguin. La trasnochada feminista que pretende "cancelar" a un genio se olvidó de citar que Gauguin abandonó a su esposa y cinco hijos cuando era un exitoso agente de bolsa, para dedicarse a la pintura. Es claro que esto me parece inaceptable. También me parece injusto que la sociedad condenara al pintor a la indiferencia, el desprecio, la miseria y lo dejara morir solo y enfermo. Así murió Gauguin, solitario en una miserable choza hecha con ramas. Al frente de su vivienda había un cartel que rezaba "Casa del Placer". A despecho de la poco feliz sugerencia canceladora, la obra de Gauguin nos sigue deparando un enorme placer estético. Nos legó cantidad de maravillosas obras, que marcaron un camino en la historia del arte. En 2018, se exhibieron en la calle carteles con desnudos de Egon Schiele. La pacatería hizo que se tapara el sexo de las figuras. Parece que no se evolucionó mucho desde que el papa Pío V encomendó tapar el sexo de los desnudos de la Capilla Sixtina, obra de... ¡Miguel Ángel!

 "Si nadie se opone a esto, los fascistas de la cultura van a terminar prohibiendo todas las obras de arte de la cultura occidental" (Steve Cuozzo, The New York Times ).

 Pobre Gauguin.

Horacio Vodovotz

DNI 4.400.219


 Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/carta-de-lectores/de-los-lectores-cartas-e-mails-nid2370488

 

Artículo de opinión

-Aborda un hecho o tema de actualidad como punto de partida para el desarrollo de la tesis.

-Tiene carácter opinativo, de análisis y valoración de los hechos.

-Representa la perspectiva de un periodista especializado en el tema, quien puede pertenecer al medio o ser convocado, y puede escribir por iniciativa propia o por encargo. Lleva título y aparece firmado.

-Se redacta en 3°persona, aunque admite la .

Lean un artículo de opinión de Fernando García sobre el mismo tema de la carta de lectores que hemos visto; se titula "¿Animal sexual o genio? La corrección política se ensaña con Gauguin y otros artistas". El enlace es:

https://www.lanacion.com.ar/cultura/animal-sexual-genio-la-correccion-politica-se-nid2365833

 

Ensayo

-Puede abordar cualquier tema.

-Su intención es persuadir a los lectores de una tesis personal. Su objetivo no es hacer una demostración a partir de un tratamiento exhaustivo del tema, sino proponer un camino de pensamiento.

-Representa el punto de vista de un individuo que ha observado, investigado o reflexionado sobre un tema.

-No tiene reglas rígidas, pero sí coherencia expositiva.

-Puede acercarse más a lo literario o más a lo científico.

-Cuando el ensayo es literario, puede prescindir de aparato crítico (listado de fuentes bibliográficas); su título puede no ser informativo; su registro será literario; debe exhibir virtuosismo en el estilo de escritura.

-Puede escribirse en 1° o 3° persona.

Pueden leer el siguiente ejemplo de ensayo literario:


Elogio de la dificultad

de Guillermo Martínez

 Hay libros arduos cuya lectura se parece a un martirio. Conquistarlos, sin embargo, depara la felicidad de las victorias secretas.

 Cada vez que se habla de lectura, maestros, escritores y editores se apresuran a levantar las banderas del hedonismo, como si debieran defenderse de una acusación de solemnidad, y tratan de convencer a generaciones de adolescentes desconfiados y adultos entregados a la televisión de que leer es puro placer. Interrogados en suplementos y entrevistas hablan como si ningún libro, y mucho menos los clásicos, desde Don Quijote a Moby Dick, desde Macbeth a Facundo, les hubiera opuesto nunca resistencia y como si fuera no sólo sencillo llegar a la mayor intimidad con ellos, sino además, un goce perpetuo al que vuelven todas las noches.

 La posición hedonista es, por supuesto, simpática, fácil de defender y muy recomendable para mesas redondas porque uno puede citar de su parte a Borges: "Soy un lector hedónico: jamás consentí que mi sentimiento del deber interviniera en afición tan personal como la adquisición de libros, ni probé fortuna dos veces con autor intratable, eludiendo un libro anterior con un libro nuevo...".

Y bien, yo me propongo aquí la defensa más ingrata de los libros difíciles y de la dificultad en la lectura. No por un afán especial de contradicción, sino porque me parece justo reconocer que también muchas veces en mi vida la lectura se pareció al montañismo, a la lucha cuerpo a cuerpo y a las carreras de fondo, todas actividades muy saludables y a su manera placenteras para quienes las practican, pero que requieren, convengamos, algún esfuerzo y transpiración. Aunque quizá sea otro deporte, el tenis, el que da una analogía más precisa con lo que ocurre en la lectura. El tenis tiene la particular ambivalencia de que es un juego extraordinario cuando los dos contrincantes son buenos jugadores, pero se vuelve patéticamente aburrido si uno de ellos es un novato, y no alcanza a devolver ninguna pelota. Las teorías de la lectura creen decir algo cuando sostienen el lugar común tan extendido de que es el lector quien completa la obra literaria. Pero un lector puede simplemente no estar preparado para enfrentar a un determinado autor y deambulará entonces por la cancha recibiendo pelotazo tras pelotazo, sin entender demasiado lo que pasa. La versión que logre asimilar de lo leído será obviamente pálida, incompleta, incluso equivocada. Si esto parece un poco elitista basta pensar que suele ocurrir también exactamente a la inversa, cuando un lector demasiado imaginativo o un académico entusiasta lanza sobre el texto, como tiros rasantes, conexiones, interpretaciones e influencias en las que el pobre escritor nunca hubiera pensado.

En todo caso la literatura, como cualquier deporte, o como cualquier disciplina del conocimiento, requiere entrenamiento, aprendizajes, iniciaciones, concentración. La primera dificultad es que leer, para bien o para mal, es leer mucho. Es razonable la desconfianza de los adolescentes cuando se los incita a leer aunque sea un libro. Proceden con la prudencia instintiva de aquel niño de Simone de Beauvoir que se resistía a aprender la "a" porque sabía que después querrían enseñarle la "b", la "c" y toda la literatura y la gramática francesa. Pero es así: los libros, aún en su desorden, forman escaleras y niveles que no pueden saltearse de cualquier manera. Y sobre todo, sólo en la comparación de libro con libro, en las alianzas y oposiciones entre autor y autor, en la variación de géneros y literaturas, en la práctica permanente de la apropiación y el rechazo, puede uno darse un criterio propio de valoración, liberarse de cánones y autoridades y encontrar la parte que hará propia y más querida de la literatura.

La segunda dificultad de la lectura es, justamente, quebrar ese criterio; confrontarlo con obras y autores que uno siente en principio más lejanos, exponerse a literaturas antagónicas, impedir que las preferencias cristalicen en prejuicios, mantener un espíritu curioso. Y son justamente los libros difíciles los que extienden nuestra idea de lo que es valioso. Son esos libros que uno está tentado a soltar y sin embargo presiente que si no llega al final se habrá perdido algo importante. Son esos libros contra los que uno puede estrellarse la primera vez y sin embargo misteriosamente vuelve. Son a veces carromatos pesados y crujientes que se arrastran como tortugas. Son libros que uno lee con protestas silenciosas, con incomprensiones, con extrañeza, con la tentación de saltear páginas. No creo que sea exactamente un sentimiento del deber, como ironiza Borges, lo que nos anima a enfrentarnos con ellos, e incluso a terminarlos, sino el mismo mecanismo que lleva a un niño a pulsar "enter" en su computadora para acceder al siguiente nivel de un juego fascinante. Ellos no ocultan su orgullo cuando se vuelven diestros en juegos complicados ni los montañistas se avergüenzan de su atracción por las cumbres más altas.

Hay una última dificultad en la lectura, como una enfermedad terminal y melancólica, que señala Arlt en uno de sus aguafuertes: la sensación de haber leído demasiado, la de abrir libro tras libro y repetirse al pasar las páginas: pero esto ya lo sé, esto ya lo sé. Los libros difíciles tienen la piedad de mostrarnos cuánto nos falta.

 (Publicado en Clarín, el 22/4/2001)


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