Cuando hablamos de “texto” estamos hablando de una serie de elementos que se entrecruzan; piensen que en latín, la palabra textum significa “tejido”. Por ejemplo, una fotografía es un texto, porque en ella el sentido surge de un conjunto de elementos que se combinan (distintos objetos que aparecen en distintos planos, los colores, el ángulo…). El todo surge de un entretejido de elementos. Lo mismo sucede en una película, a cuya interpretación llegamos gracias a la complementación de música, diálogos, iluminación, movimientos de cámara, etc. Y tanto la fotografía como la película son expresiones que se dan en ciertas circunstancias y que nos comunican algo; podemos construir sentido a partir de ellas.
jueves, 6 de mayo de 2021
Clase 1 - 2021. El texto y su propiedad de coherencia
Si nos referimos a un texto verbal, veremos que sucede lo mismo. Un texto no es simplemente una secuencia de oraciones bien construidas, gramaticalmente correctas y relacionadas entre sí. Esa unidad gramatical es una unidad de lenguaje en uso, es decir, usamos el texto para comunicar en una situación determinada; su función es comunicativa y social. Por último, diremos que el texto tiene una propiedad fundamental: la coherencia, que permite que sea comprendido e interpretado.
No podemos hablar de textos absolutamente coherentes o incoherentes, sino de grados de coherencia. Esta propiedad es un fenómeno complejo, que abarca una serie de relaciones gramaticales y contextuales que hacen posible la comprensión del texto. Estos diferentes aspectos de la coherencia son los siguientes:
· -Coherencia temática: se refiere a la unidad de tema que debe tener el texto. Cuando leemos, debemos poder descubrir de qué habla el texto, cuál es su macroestructura o significado global, su tema. Además, en el texto ese tema debe ir progresando.
· -Relación lógica de todo elemento del texto con su referente: todo texto se refiere a una materia o porción de la realidad, y todos sus elementos deben estar lógicamente conectados con esa materia de la que el texto habla.
· -Coherencia sociocultural o consistencia en género: todo texto debe respetar el formato global o superestructura del género discursivo al que pertenece. Así, si se trata de una monografía, respetará el formato de las monografías; si es una crónica, el de las crónicas; etc.
· -Coherencia situacional o consistencia en registro: el texto debe adecuar su estilo y elecciones lingüísticas a la situación de comunicación en la que se encuadra. Si la situación exige un lenguaje formal, no será coherente utilizar vocablos de uso informal, por ejemplo.
· -Coherencia local o cohesión: en todo texto deben establecerse relaciones semánticas o de significado entre los elementos que lo forman. Estas relaciones se expresan mediante recursos léxicos y gramaticales que conectan esos elementos. La cohesión actúa en un nivel microestructural, es decir, materializa los vínculos entre las pequeñas partes que forman el texto y que lo van tejiendo. Por ejemplo, una palabra utilizada en un texto puede relacionarse con un sinónimo que se emplea luego para no repetir el vocablo; o dos frases pueden aparecer enlazadas por un conector.
Aunque algunos autores presentan la coherencia y la cohesión como dos propiedades diferentes, una que actúa en un nivel más profundo y otra en un nivel más superficial, es preferible pensar la coherencia como una noción amplia, que incluye las relaciones de cohesión, además de otros aspectos. Así lo consideran autores como Roselló Verdeguer, Salvio Menéndez, Calsamiglia Blancafort y Tusón Vals, Marro y Dellamea.
Fíjense en los siguientes textos y reflexionen sobre ellos y su grado de coherencia:
1-Hoy hacía tanto calor que tuve que encender el ventilador. No obstante, los medicamentos a veces producen enfermedades en lugar de curarlas. Por estos motivos Juan decidió que este año no irá de vacaciones a Brasil.[1]
2-Para hacer la torta de galletitas, primero tome avena y únala con chocolate caliente; agregue arsénico. Luego abra los paquetes de galletitas y unte estas con la pasta. Por último, haga torres con las galletitas y colóquelas en una fuente chata, dando al conjunto forma de torta. Disfrute con sus amigos de esta rica torta acompañándola con exquisito té.[2]
3-Muerte de un viajante de Arthur Miller es una de esas obras que rápidamente ganó la adhesión de todos los públicos en infinidad de países. Son raros los espectadores de teatro que no la conozcan. Efectivamente, la obra de Miller se ha transformado en un clásico del siglo XX; Willy Loman, su protagonista, es uno de los antihéroes más conocidos del teatro. ¿Y en qué radica su vigencia? En la enorme vitalidad de un texto que, aunque estrenado a finales de los años ’40, posee una teatralidad poderosa. Se trata de la historia de un tipo que aspira a una vida mejor, pero que sueña con un mundo que ya fue; que espera que su hijo sea un triunfador, pero que fracasa inexorablemente, producto de su propia ilusión. Muerte de un viajante es la narración del fracaso de las ilusiones, de todos esos castillos de aire que, confrontados con la realidad, se desvanecen.
4- Es necesario reconocer que cuando el tango comenzó a decaer, en la década del 60, quienes continuaron con el tango fueron los bailarines profesionales. Los bailarines profesionales tuvieron la virtud de enseñar el tango a los pocos que todavía querían asomarse al misterioso mundo de la intimidad del tango. Los bailarines profesionales no pudieron transmitir el sentimiento que se baila, el sentimiento que bailaron nuestros padres y abuelos. Nuestros padres y abuelos sabían que en el tango, como en el amor, no hay dos cuerpos, ni hay un cuerpo que mande, sino que el dos se disuelve en una unidad rítmica y sensible. Hoy, y ya desde hace unos años, parece que el tango está en pleno proceso de recuperación.
[1] Ejemplo extraído de Marro y Dellamea (1993). “El texto como unidad superior”. En Producción de textos (pp. 322-337). Buenos Aires: Fundación Hernandarias.
[2] Ejemplo adaptado de Marro y Dellamea, op.cit.
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